Es un simple recuerdo, una mera sombra de la realidad, pero
al despertar no se sentía humano había mutado. El sentimiento que salía por su
garganta, no era más que el hecho que estaba muerto ¿Cuánto hace que no siente
el calor de una mujer? ¿Cuánto hará que la muerte llamo a su puerta y entro se
adjudico su cama sin permiso?
El tiempo ya no contaba para él, solo se había parado al
irse de su lado. Ya ni su recuerdo le consolaba, solo la esperanza de dormirse
y no despertarse más, era el consuelo de pasar el largo día. Nunca encontró
mayor significado a la frase “muero sin morir”, por ella perdió su trabajo, sus
amigos, sus sueños hasta sus recuerdos, que están ahogadas en una botella de
ron, a la cual no le encuentra final, en la que se ahogo y se choco cuando me levanto
del sillón. En verdad no sabes cuantas semanas hace que no duerme en su cama, o
la razón de esta todavía huela a su perfume. Un perfume el cual era el doloroso
veneno pero que no desaparecía en los lavados de las sabanas.
Su trabajo, su sueño se perdió por darle el infinitito a su
amor, por ponerle el mundo a sus pies, y llenarla de regalos perdió a sus
amigos, los cuales le apoyaban siempre como hermanos que lloran la pérdida de
un ser querido. ¿De que trabajaba, os preguntareis? El pertenecía a esa escasa
gente que podía trabajar y vivir de su sueño. Siempre se soñó ayudando a la
gente, construyendo puentes, carreteras… era en definitiva feliz.
Sus amigos desde niños hay apoyándole cuando se caía eran una
gran familia. No todos fueron universitarios como él, más bien era el único que
fue a la universidad, pero aun así la lejanía no hizo que su amistad
deteriorase, una mujer fue la culpable de todo eso. Lo que siempre dijeron que
no pasaría pasó y así dejaron que una mujer se pusiera por medio y rompieron la
relación, 5 amigos, 5 hermanos de diferentes madres pero todas ellas siendo
madres suyas.
Como toda historia de amor tiene un comienzo, la primera
mirada, la primera palabra mal dicha, la primera risa entre cortada…. Pero para
él cada una de la razones del comienzo era una razón para morir. Esta historia
siempre se ha repetido en el mundo decenas de veces, de miles de maneras.
“La soledad era una losa que siempre se carga,” murmuraba
mientras caminaba “aunque creas que no estás solo que siempre tienes a alguien
a tu lado, olvídalo estas solo, naciste solo con tus padres a los que
abandonaras.” Les decía a los niños que se encontraba en la calle, y estos
huían asustados por su cara de pena y tristeza. Yo lo miraba con preocupación
yo solo tenía 11 años, me decían genio, pero comparado con este hombre que
había sufrido una soledad peor que la mía propia, al perder a todos sus amigos,
su trabajo, su sueño, su amor. Mi soledad mi dolor se quedaba pequeño, yo que
siempre he sido mirado como un niño raro, un extraño.
Muchas veces en mis tardes solitarias en el parque donde
pasabas las tardes entre mis novelas, mis cuentos….pasaba la tarde perdido.
Mientras otros niños de mi edad jugaban a la pelota, hacían amigos, mientras
yo poco a poco me alejaba de la
sociedad, perdido entre libros y libros. Mis padres creían que iba al parque a
jugar como los demás niños, que ingenuos… si supieran que su hijo el
superdotado, el genio que por muchos conocimientos que aprenda, matemáticas,
física, filosofía…. Nunca llegaría a comprender la mente humana, los
sentimientos de amor y amistad, para mis palabras sin sentido. Nunca me había
sentido calor humano, mis padres demasiados ocupados en su trabajo, nunca
llegue a conocer abuelos o familiar alguno que me diera muestras de amor. Todo
empeoro desde que se descubrió que mi coeficiente intelectual era superior a
los demás, me pedían y me pedían, siempre tenía que estudiar me cambiaron de
escuela donde supuestamente podría explotar mi inteligencia, donde abrían
personas como yo. Si lo hubiera sabido hubiera seguido en el mismo colegio
donde era una persona que no destacaba, otro más.
Mi aburrida vida, mi vida de marginado social, cambio cuando
vi a ese hombre que bebiendo una botella de alcohol barato y llorando lagrimas
a las 12 de la mañana de un sábado. Algunos niños le tiraban piedras, otro
corrían asustados, de su aspecto, de su olor. Pero sus ojos me mostraron una
soledad más grande que la mía, y un extraño brillo que me intrigaba. Cada día,
lo veía, en el mismo banco, con la misma botella. El bichito de la curiosidad
me fue picando, quería conocer, quería saber quién era ese hombre.
Una tarde gris, el cielo estaba encapotado había amenaza de
lluvia, no había ningún niño en el parque pero siempre estaba allí con esa
cara… llorando… siempre apenado como si no fuera nada....
Continuara
Continuara
No hay comentarios:
Publicar un comentario